jueves, 2 de agosto de 2012

Sueños de un loco 01


Sueños de un loco

La tiré al suelo y me eché encima de ella.

No paraba de gritar, pero para suerte mía y desgracia suya, nadie, absolutamente nadie, pasaba por allí.

La abofeteé una sola vez, con el canto de la mano, y de sus labios voluptuosos surgió un hilillo de sangre que me apresuré a recoger con mi lengua. ¡Era tan suave y dulce!

Ella gimió, estremecida de terror, y yo disfrutaba como un cerdo.

Mi polla estaba tan dura que incluso me dolía , apretada como se sentía en el pantalón. Los calambrazos de la excitación me extenuaban, pero aplazaba la hora de lo inevitable por lo ke sentía cuando veía a esa pobre infeliz con el pánico tiñéndole las pupilas.

La cogí de las muñecas y le hice pasar los brazos por detrás de la espalda, que arqueaba inconscientemente.

Las seguí sujetando con una mano, mientras que con la otra me sacaba el cinturón de cuero del pantalón y lo enrollaba con fuerza alrededor de sus brazos y muñecas.

Ya sin las engorrosas ataduras de aquellas extremidades, me dediqué exclusivamente a explorar su cuerpo, como si nunca hubiera estado con una mujer.

Y de hecho, casi era así. Ella era la criatura más hermosa que nunca había visto.

ni siquiera había visto algo igual En aquellas revistas donde posaban mujeres desnudas, rodeadas de glamour, burbujas de jabón y xampán... y, por supuesto, no se podía comparar a las sucias rameras que había visto en las manoseadas y sucias revistas que escondía en su cuarto.

Ella era única. Cuando La vió por primera vez no salía de su asombro. No pudo dejar de observarla, y la siguió durante todo el día desde una distancia considerable, así que ELLA no se diÓ cuenta.

Parecía una chica dulce y tan buena como un ángel, pero pronto descubrió que no era VERDAD...

al principio quería creer que los demás tenían la culpa, pero no era así. Ella era también una zorra, de las peores. Jugaba con cualquier hombre que se le puSiera por delante. Desde los que sacaban las mejores notas en el instituto, a los que seducía para que, gracias a sus formas voluptuosas y su sexo de miel, la ayudasen con sus tareas. Desde luego, como hombre moderno que era, era capaz de comprenderla, quizás no era tan malo dar de lo que a ella le sobraba y que los demás deseaban, para recibir algo a cambio, que a ella le favoreciese en algo.

No era precisamente eso lo que le hacía arder la sangre.

Él era el único que intentaba ayudarla en todo momento sin pedirle nada a cambio, y eLla lo aceptaba sin reparo, hasta que llegó el día en que le despachó cruelmente.

Ella gritó, con una fuerza inusitada, gritó, gritó, gritó... clamando ayuda.

según ella, él la estaba amenazando, persiguiÉndola incluso en sus sueños, y todos aquellos a los que había manoseado, cayeron sobre él, propinándole patadas y puñetazos, hasta que perdió el conocimiento.

Y ella, recreándose con la estampa, mordiÉndose los labios y sonriendo maliciosamente... ¡zorra asquerosa!

creyó que había muerto, pero cuando abrió los ojos y notó el punzante dolor en su cuerpo, supo que no era así. Se arrastró a duras penas hasta su diminuta casa, en las afueras, y allí se ocupó él mismo de sus heridas. Aunque no podía hacer lo mismo con la que tenía dentro de su ser.

La odió con todas sus fuerzas y juró vengarse de esa víbora, cosa que por fín estaba haciendo.

Sí, venganza. Ese era el motivo de su reaparición. Evidentemente, se impuso un cambio en su aspecto. Hizo lo imposible para llevar a cabo su propósito, y vaya si lo consiguió... así pudo acercarse a ella, sin que le reconociera...

Y ahora...

Aprisioné sus enormes pechos en mis manos mientras frotaba mi pelvis contra la suya. Ella empezó a sollozar, sospechando que iba a ocurrir ya lo que TANTO le asustaba, y yo seguía gozando hasta límites insospechados.

A duras penas me aguanté las ganas, le arranqué la camisa en un ataque de furia, y le corté el sostén con una pequeña navaja que había robado al cabrón de su actual amante, DESPUÉS DE DEJARLE FUERA DE JUEGO.

A la vista de esos blancos y perfectos pechos, mi corazón se paró. Suspiré entrecortadamente y me sumí en ellos, lamiéndolos sin cesar y mordiéndole los pezones. Ella no cesaba de sollozar, pero en su voz tañía ya el deseo carnal.

Le arranqué los botones de los pantalones con la fina punta del cuchillo, y abrió desmesuradamente los ojos. Quizás creía que la iba a penetrar con el frío acero. ¿le habría gustado¿lo probaba?... improvisaría sobre la marcha.

Le quité los pantalones a duras penas, y de paso, me quité los míos, junto con la camisa.

Sus labios formaron un no inaudible, pero yo seguí adelante. Le rasgué las bragas y metí mis dedos dentro de su coño... caliente, muy caliente...

carcajeÉ con ganas.

¡eh, puta! a pesar de que te mueres de miedo, tu coño tiene hambre... pues¡le voy a dar lo que se merece!

¡nooooooooooooooooooo!

Gritó hasta desgañitarse, pero nadie vino a ayudarla.

Yo era feliz.

Me saqué la enorme polla (porque todo sea dicho de paso, mi polla es perfecta. Muy larga y gorda, osea, las delicias de cualquier guarrita)

Se la metí de golpe, con fuerza, y se quedó sin aliento por un instante, luego, apretó los dientes y cerró los ojos llenos de lágrimas.

Le puse las piernas sobre mis hombros y la embestí una y otra vez. Su coño estaba ardiendo, y su vientre ondeaba, convulsionandose cada vez más Y MÁS FUERTE, mientras sus gemidos cortaban el silencio de la noche.

Sabía que ella estaba a punto de correrse, y por ello saqué mi polla al aire libre, para que se refrescase tal vez.

Pasé mis piernas por encima suyo, hasta quedar a la altura de la cabeza, y, mientras Le apretaba el cuello con una mano, amenazándola, le ponía BUENA parte de mi polla en su boca.

Empezó a chupar muy despacio, con miedo, y le cogí la cabeza con las manos, moviendosela rítmicamente, incluso llegué a hundir mi polla HASTA SU BASE en su garganta, mientras el semen discurría hacia su estómago. Luego la saqué otra vez y la puse boca abajo. Tosía, escupiendo más y más semen, QUIZÁS ESTUVE A PUNTO DE AHOGARLA, pero a mí no me importaba demasiado.

Le abrí el ojete con la lengua y SE la metí de golpe. LA POLLA, NO LA LENGUA.

Me encantaba hacerlo, y oír su grito desesperado ME PROVOCÓ TAL PLACER QUE MI POLLA ESTALLÓ OTRA VEZ. Pero seguía con muchas, muchas ganas de jugar...

Le agarré de la cintura mientras me movía cada vez más deprisa, oyendo cómo gemía. ¡a la muy zorra le gustaba! Pero bueno¿no había absolutamente nada que la desagradase? Aunque, a fin de cuentas... ella era una viciosa de mierda.

Se la metí otra vez en el conejo, y esta vez dejé que se corriera, pero no sólo una ni dos veces, sinó 5... ¡le había gustado mi polla! Me corrí 2 veces más, y todas en su caldero, caliente y húmedo.

Luego se desplomó con una expresión de felicidad en la cara que me repugnaba. La levanté y la hice andar, descalza, sobre las piedras y la arena del descampado.

No cesaba de quejarse, porque se hería los pies, pero eso me excitaba aún más.

Cuando llegamos a mi casa, dejó exclamar un asomo de sorpresa.

-dios mío... ¿eres tú? Oh, dioos míiooo, noooo...- y volvió a gemir aterrorizada.

Sin mediar palabra, abrí la puerta y la tiré al suelo...



Cuerpos

Cuerpos

Capítulo 13

Le miró con estupor y molestia. Le avergonzaba tener que decirle aquello, oírlo de su propia voz…. Así que se desató una pequeña lucha en su mente, para obligarle a él a pasar por alto su demanda, excitandole cada vez más hasta que no pudiera ocntenerse…. O a obligarse a sí misma a decirselo..

Sabía que él no cedería, y buscó la forma para decirselo.. Aunque se sentía nerviosa y sucia.

- Yo… - balbució, respirando un poco más fuerte cuando Tsukasa deslizó sus manos por su cuerpo, rumbo a su vientre, y parando a la altura del bajo vientre.

- ¿Sí? - siguió mirándole de aquella forma que tanto la excitaba.

- Ah..!!! - gimió, lamiendose los carnosos labios, a la espera que la besara o hiciera algo para acallarla… pero él siguió jugando a ponerla nerviosa, a deslizar sus dedos y acercarse peligrosamente a su pubis, pero sin hacer nada más.

- Yo.. Quiero… quiero.. - notó sus mejillas arder otra vez, no por el calor del vapor del agua, ni por el calor de su cuerpo excitado, sino por la turbación que aquellas palabras le causaban. Y aún así, ¿no había hecho algo peor hacía tan solo unos minutos?…

Notó cómo se avergonzaba aún más imaginándose a horcajadas sobre él, y cerró los ojos por un momento, para tranquilizarse.

Recobró como pudo el aire, sintiendo que se despedazaba, deseando que sus cuerpos se pegaran otra vez. Y abrió por última vez los ojos, mirándole muy fíjamente y retandole a hacer algo más que tentarla.

- Quiero que me poseas. Ahora. Ya. No puedo esperar más. ¡¡HAZMELO!! - le gritó, cogiendole por los hombros y acercándole a ella, escondiendo después su cara en el cuello de él, pasando a besarle y moverse tal y como su cuerpo le pedía en aquél momento.

- Hazme el amor… - susurró suplicante, temblando de aprensión, a lo que él respondió con mil besos, mil caricias y mil palabras de amor y deseo, mientras volvía a la carga, pero tomándose todo el tiempo del mundo.

- Espera… -



Necesidad

Necesidad

Capítulo 12

Riendo como una colegiala y sin temor a nada, escapaba de los brazos de Tsukasa, que había salido en pos de ella, y la había cercado justo contra una puerta.

La miró con ojos de lobo, y la atrajo hacia sí mismo una vez que estuvo suficientemente cerca de ella, rodeándole la cintura con un brazo, mientras que con la mano libre encontraba el pomo de aquella puerta… la abría y echaba a andar guiando a la muchacha, que no dejaba de reírse en sus brazos, y buscaba sus labios, y le mordía, juguetona.

- Deja de hacer es o juro que te como aquí mismo… - gruñó, pensando que sería una lástima, porque, estaban tan cerca de su objetivo..

- Cómeme.. Venga… ¿O esque no te atreves?.. - empezó a chincharle, deseando febrilmente que volviera a poseerla.

Te deseo tanto.. - pensó, ya sin importarle que él lo leyera en sus ojos. - Hazme tuya ahora, ya, ¡¡YA!!

Se había convertido en una necesidad para ella, y siguió con sus mordisquitos, entreteniéndose en el lóbulo de la oreja de su chico… sabiendo que aquello le excitaba sobremanera.

Sonrió al oír el gemido que Tsukasa dejó escapar, y esperó impaciente a que se abalanzara sobre ella.. Y no tardó demasiado en hacerlo.

Tsukasa gruñó un poco más alto, molesto porque ella no dejaba de excitarle, y la cojió en brazos, entrando con ella a la gran bañera que había en medio de aquella habitación…. Y esque la había encerrado en el baño, una pieza no tan grande cómo las que solían encontrarse repartidas en toda la mansión, pero que cumplía a la perfección su misión.. Incluso aquella.

El agua, preparada desde hacía ya mucho tiempo, seguía permanentemente en una temperatura agradable, así que la dejó en el agua, con cuidado, sentándola a ella primero, y aprisionándola contra la pared de aquella bañera, que tenia más aspecto de piscina que lo que era.

Volvió a colocarse ante ella, colocándola de forma que su pelvis quedó por encima de la del chico, y quedó arrodillado, sin notar el más leve peso del cuerpo de la muchacha.

Se dedicó a ponerla de los nervios, acariciándola, dejándose morder los dedos, chupar incluso, y aunque notaba cómo su miembro se volvía más duro y juguetón, tomaba aire, se mordía los labios y seguía con su cabezonería… fingiendo no sentir tanto deseo como para poseerla ya, ahí mismo… disfrutando de todo lo que ella le daba, y sonriendo como un diablo, haciendo que ella perdiera la paciencia y la cabeza.

- Quiero que me lo digas… - susurró, deseando que ella lo gritase.


Cuerpos

Pasión


Pasión

Capítulo 1 1



Las gotitas de sudor se deslizaban por su frente, su mejilla, y caían sobre la piel de Tsukushi, que se excitaba aún más sintiendo así a Tsukasa, mirando cómo el rostro se le mutaba, y escuchando sus gemidos quebrados y roncos.

Toda aquella pasión que habían guardado en su interior, todo lo que querían decirse sin palabras, estaba fluyendo en aquél momento, sin remisión, y sentían casi como si fueran a explotar.

Sollozando y riendo entrecortadamente, Tuskushi seguía moviendose al ritmo que Tsukasa marcaba, buscando sentirle aún más dentro de ella, sumergiéndose en el placer que durante tanto tiempo se les había sido negado.

De pronto, ella le mordió en el cuello, en los labios, y le empujó un poco con las manos, para moverlo a su costado derecho y ponerse en horcajadas sobre él, sin quitarle la vista de encima.

Sonriendo con una mezcla de lascivia e inocencia en sus labios, cogió el miembro del chico, abriendo los ojos al notarlo TAN.. grande.. y volvió a adentrarlo en su interior, empezando a moverse lentamente, y adoptando un movimiento más frenético después.

- Ah… arf.. -

La respiración de Tsukushi era agitada, y se entremezclaba con la de Tsukasa, que suspiraba bajo ella, mientras la acariciaba con manos torpes, extasiado al ver cómo la chica movía su cuerpo sinuosamente sobre él.

- Ohh… mmmm… Estás tan… caliente… - gimoteó Tsukushi, apoyando sus manos sobre el pecho de Tsukasa, sin dejar de moverse ni comprender aún muy bien lo que estaban haciendo… y cómo habían llegado a aquello.

- Pero, es.. TAN Bueno!!!… - se respondió a sí misma en un gemido quebrado, mientras sus respiraciones se aceleraban, sintiendo cómo una corriente de electricidad atravesaba sus espinas dorsales, preludio del éxtasis que segundos después les sobrellevaron a la vez, y que la dejó sin aliento por un momento.

Cayó sobre el pecho del chico, que la abrazó tiernamente, cubriéndola de besos.

- Tsukushi… - susurró - tengo TANTA hambre…

Y deslizó sus manos por su espalda, restregándose contra ella y mirándola carnívoramente.. A lo que le respondió con una sonrisa traviesa, y saltó de la cama, para salir corriendo hacia cualquier rincón de la habitación que la alejase del chico… aunque en realidad no quería escapar, sino que la cazara…


Necesidad

Corazón


Corazón

Capítulo 1 0

Se sorprendió un poco nada más, y se dejó llevar por lo que deseaban, así que lenta, muy lentamente, como si fuera un ritual, empezó a adentrarse en ella, sintiendo algo inexplicable.

Tragó saliva, entrecerró los ojos, besó a su mujer… dejó escapar un gemido quiebro al penetrarla totalmente, y sonrió, extasiado, entreabriendo los ojos para embeberse de sus gestos.

La dejó suavemente en la cama, y empezó a mover las caderas, deslizándose fácilmente en su interior, tan húmedo y caliente que parecía iba a quemar su piel, y, cuando estuvo por fín totalmente dentro de ella, aguardó unos iustantes, grabando en su interior aquella sensación, y el repiqueteo de su corazón, que ahogaba su propia respiración, llenándole los oídos.

Y no podía pensar en nada más que en ella .

La quería tanto, deseaba tanto que aquello no terminase, que no le habría importado dar su vida al mismísimo diablo para conseguirlo.

Se rió al imaginar a su propia madre, a la bruja aquella, al pensar en el diablo, y decidió que iba a ser con ella con la que pactara sí o sí. No iba a dejar que se la arrebatase y.. algo debía hacer.

Suprimió al momento aquellos pensamientos, dejándose gobernar por lo que sentía en aquél momento, y siguió moviendose, besando a Tsukushi, y disfrutando de los gemidos que ella producía.


Pasión

Caliente


Caliente

Capítulo 9

Tsukushi se sorprendió y avergonzó, al oírse a sí misma, y al saber lo que él había hecho.

No se movió más que para relajar su cuerpo, y volver a taparse la cara con las manos, maldiciéndose a sí misma porque estaba dejando a un lado su valor y arrojo.. para ser débil.

Tsukasa, sonriente, paseó su lengua por sus labios, saboreando lo que quedaba de ella, y avanzó hacia el rostro de la chica, tapandole con su cuerpo para que se sintiera algo más relajada.. Aunque el efecto era el contrario.

- Tsukushi… aparta esas manos y mírame.. - susurró suavemente, mientras le cojía una de las manos y la apartaba de ella, entrelazando sus dedos con los de Tsukushi.

- Mírame.. - volvió a repetir, insistente, y por fín ella abrió los ojos, mirándole como si hubiera hecho algo que no tuviera perdón.

Él sonrió, besándola largamente, y se preparó para que aquella noche fuera inolvidable.

- No tengas miedo.. Amor.. - le susurró al oído, tras besarla, y la contempló por unos segundos, mientras sus manos acariciaban sus muslos, y su cuerpo se frotaba contra el de ella, dándole calor y buscando fundírsele.

Se perdió en sus pupilas, en el oscuro mar de su mirada, y mientras, sus instintos le guiaban, haciendo que su sexo se moviera contra el de ella, latiendo, presa del deseo que lo gobernaba.. Pero sin hacer nada.

Esperando una respuesta, una señal, seguía moviéndose a aquél ritmo, haciendo que su cuerpo, caliente, quemara el de la chica, que se retorcía suavemente y casi sin darse cuenta, clamando por que por fín la poseyera.

- Te AMO!!!! - sollozó Tsukushi, aferrándose a la nuca del chico, alzando su cuerpo para alcanzar los labios de él, mientras se rozaba aún más contra él, pidiéndole a gritos, aún sin palabras, que la hiciera suya…

Corazón

Susurro


Susurro

Capítulo 08

Siguió tentándola, dándole pequeños besos alrededor de su zona púbica, explorando su cuerpo a la vez que aprendía todo lo que aún no sabía de una mujer.

Con los dientes, rasgó la tira de la braguita, rompiendola, y haciendo que Tsukushi soltara un pequeño gritito, asustada.

Sonrió complacido, y jugueteó a ponerla muy, muy nerviosa, dandole pequeños y esquivos besos en aquella zona tan sensible, mientras se ocupaba de quitarle lo poco que tapaba su sexo, sin perder de vista la cara de la muchacha, que cada ez se volvía más y más bermeja, hasta que optó por taparse la cara, como si así pudiera desaparecer del mapa.

Tuvo el impulso de quitarle las manos de la cara, de besarla y mirarla a los ojos y hacer que le mirase a su vez, y que le dijese que NO le tenía miedo.. pero, ¿de qué serviría eso… si él mismo estaba muerto de miedo?

No podría transmitirle seguridad, así que se limitó a quedarse allí, intentando darle todo el placer que supiera y pudiera darle, contandole en un susurro cuanto la amaba.

Besó sus muslos, acercándose a su sexo y acariciándoselo explícitamente, escuchando con atención los gemidos que brotaban de los labios de la mujer.

Siguió descubriendo aquél rincón destinado a causarle placer, y hundió su lengua allí, descubriendo dónde hacía que ella gimiese más, jugando muy lentamente, humedeciendo aquella zona carnosa y acariciándolo a su vez, excitándose de tal forma que creía iba a reventar.

- Aún NO - se ordenó a sí mismo, sumergiéndose aún más en ella, deslizando su dedo para darle mas placer, mojándolo con su propia lengua e introduciéndolo en la chica, que al notarlo gimió intensamente, cerrando con fuerza los ojos y clavando los dedos en el faldón de la cama, como si fuera a ser engullida por lo que sentía y eso la ayudase a mantenerse cuerda….

- OOooOooohhh… - gimió, enloquecida, y empezó a moverse sinuosamente, al mismo tiempo que el chico incrementaba el rápido vaivén de sus dedos y el rozar de su lengua, hasta que notó un sabor extraño en su boca, y escuchó a Tsukushi gritar con voz quebrada….


Caliente

Muslos


Muslos

Capítulo 07

Se dio cuenta de que iba demasiado deprisa, así que emergió hacia ella, dandole un largo y azucarado beso, pero dejó que sus manos volaran por su cuerpo, deslizandose traviesamente entre el elástico de sus pantalones y su piel desnuda, tratando de desnudarla completamente.

- No te asustes.. Sabes que jamás te dañaría de ninguna forma.. Te amo demasiado.. Tsukushi… -

En un arranque de amor y ternura, la abrazó tan fuerte como pudo, mientras la cubría de besos para tranquilizarla. Y cuando pensó que ya estaba algo más calmada, siguió deambulando por su cuerpo, con ánimos de llegar hasta el final.

Por fín, ella le dejó hacer lo que quería. Lentamente, aunque peleándose con aquél trozo de tela, logró quitarselo, dejandola totalmente desnuda. O casi, porque la pequeña braguita estaba allí, separando lo poco que quedaba sin explorar.

Aguantó la respiración por un instante, mirandole fíjamente, y, musitando su nombre, lo estrechó entre sus brazos, aunque temblando.

Le dió un beso en el cuello, aspirando el aroma de hombre que emanaba de la piel de Tsukasa, que, desnudo, arrancaba leves chispazos de electricidad de su propia piel…. sin atreverse a mirarle a los ojos, muerta de vergüenza. Así que escondió su cara entre el cuello y el hombro del chico, obligándole a romper el poco espacio vital que el muchacho había dejado entre ellos en aquél momento.

Las chispas volvieron a saltar, aunque con más intensidad, y mil sensaciones empezaron a recorrer a Tsukushi, que notaba cómo empezaba a caer por una espiral. Le agarró con fuerza, apretándole aún más contra sí misma, y le dio un largo beso, con la intención de olvidar el pavor que empezaba a adueñarse de sus pensamientos.

Respondió aquél beso, tan tiernamente como pudo, y se deshizo de su abrazo, algo cansado de que lo mirase como si fuera un monstruo a punto de engullirla.

Delineaba su cuerpo, la besaba y acariciaba, suavemente, avanzando por sus muslos y llegando a su cintura, donde paró nuevamente, y, dándole un último beso fugaz, alzó la vista, cogiéndola de la barbilla para que le enfrentase, reflejándose en los ojos que le miraban con una mezcla de temor y rebeldía.

- Makino... sabes que te amo, ¿verdad?....

Tragó saliva, y sintió que podía morir en aquél momento, en sus brazos… y cerró los ojos, para dejarse llevar..


Susurro

Respiración


Respiración

Capítulo 06

- Pa… Para… Me… me estás volviendo loca!!!… - imploró Tsukushi, intentando que no la desnudase.. aunque sin obtener éxito, porque Tsukasa logró su propósito, y acto seguido empezó a forcejear con los botones de la camisetita del pijama que llevaba la chica.

Sus dedos, que se movían con naturalidad, lograban desabrochar de una vez los botones, con tal celeridad que en nada tenía ya la piel semidesnuda entre sus manos.

Mordisqueó los labios de la chica, sacando levemente la lengua para juguetear un poco con ella, tentando a Tsukushi, para que hiciera lo mismo.

El ambiente, ya de por sí caldeado, empezó a llegar a cotas que no conocían, cuando el muchacho logró eludir los labios entrecerrados de Tsukushi, buscando la lengua de ella, rozándola, haciéndole cosquillas, y obligándola a responder de igual forma, mutando el beso en uno más lascivo y pasional.

Voló la camisetita del pijama, que cayó en cualquier lado, y el sujetador, que acabó de la misma forma, y abandonó los labios de Tsukushi para seguir besándole el cuello, excitándose con la respiración entrecortada de la fémina, que empezó a acariciarle la cabeza, hundiendo sus dedos en el sedoso cabello, respirando con la boca abierta para llenar sus pulmones de aire, que empezaban a quedarse sin el preciado hálito que le daba vida… y que se la robaba él a cada beso y caricia.

Se estremeció aún más al notar cómo con la punta de su lengua, practicaba un camino por su cuerpo, deslizándose cada vez más hacia abajo… sin dejar de acariciarla, y jugando con sus pechos, delineándolos con sus dedos tremulosos.

Exhaló aire cálido sobre la piel, al mismo tiempo que lamía y besaba, y lograba arrancar gemidos que subían cada vez más de tono, hasta que llegó a la zona más sensible de la mujer, donde se detuvo, para seguir exhalando aire caliente, mientras notaba los dedos crisparse en su nuca, donde había posado las manos Tsukushi, con la esperanza de detenerle.

- No!!! - gimoteó asustada, aunque a la vez deseando que siguiera…

Muslos

Gemidos


Gemidos

Capítulo 05

La desarmó por completo.

Esa era una de las cosas que hacía que le amara aún más. Era tierno, a su manera, dulce… terriblemente sincero.

Le miró a los ojos, aguantándole la mirada, aunque en aquella posición se sentía demasiado vulnerable y violenta… y su cuerpo tembló un poco, empezando a temer el esperado contacto.

No dijo nada, aunque pensó que Tsukasa podría adivinar sus pensamientos, así que de golpe, apartó otra vez la mirada, con la cara total y embrutecidamente carmesí.

- Tsukushi… ¡¡mírame!! - buscó sus ojos, y rió seductoramente.

- Ah, ya entiendo.. Estás pensando en cosas indecentes!!!! Con un tipo como yo, no me extraña -

Puso en el dedo en la llaga, como solía hacer, y Tsukushi pegó un brinco, incorporándose un poco e intentando quitárselo de encima.

- Pero, ¿qué dices? ¿Cómo puedes decir esas cosas en un momento como este? - le espetó molesta y confundida, pero sin demasiado ánimo combativo.

Realmente estaba avergonzada, y su mirada frustrada alentó aún más a Tsukasa, que volvió a sonreír, aunque esta vez como si de un animal se tratase, observando a su caza, y volvió a besarla, aún más apasionadamente.

Lamió la carnosidad de aquellos jugosos labios que le volvían loco, mientras se aventuraba a desatar el sujetador, sin dejar que Tsukushi opusiera resistencia, pues con su propio cuerpo volvió a echarla en la cama, callando sus palabras con besos, besos y más besos.. hasta que volvió a arrancarle gemidos, y sonrió, volviendola loca, y volviendose aún más loco por ella.

- Serás mía… completamente mía.. - repetía en su cabeza, y se obligaba a tranquilizarse, para no ir demasiado deprisa y no asustarla.


Respiración

Éxtasis


Éxtasis

Capítulo 04

Su cuerpo ardía. Respondía al de Tsukasa, que también estaba al rojo vivo.

Le oía respirar agitadamente, y se sintió embargada por una sensación de felicidad absoluta, al saber que era ella y solo ella la que causaba aquél extraño sentimiento en el chico.

Le abrazó con la poca fuerza que le permitían sus brazos, y siguió perdiéndose en sus besos y sus palabras.

Y él, imperturbable, seguía con su marcha, lenta, pausadamente, seguía deslizando sus dedos por la cintura de Tsukushi, dibujando pequeños surcos, mientras adivinaba dónde había algún resquicio por el que poder acceder a la piel de la muchacha, que, crispada, parecía gritar desaforadamente por obtener sus caricias.

- Ah… - gimió suavemente, haciendo que Tsukasa se volviera aún más loco por ella, y, logrando su objetivo, empezó a andar sobre la blanca piel de la chica, que a su contacto parecía enloquecer.

- Quiero amarte.. Makino… quiero tenerte… ah.. - habló con voz quebrada, bebiendo del éxtasis que le provocaba Tsukushi.

- Me estás volviendo loco… - aseveró, hundiendo sus labios entre el cuello y los hombros de ella, que gimió un poco más fuerte, temblando al notar la avanzadilla de aquellas rugosas manos, que se acercaban peligrosamente a sus senos.

Aunque no hizo ademán de detenerle. Se perdía en él, en lo que le hacía sentir, y se mordió los labios, deseando un poco más..

Y pareció que Tsukasa entendió su lenguaje, porque llegó a su objetivo, e hizo tentativa por deslizar los dedos bajo lo que oprimía los senos de la chica.

Se detuvo, escuchando cualquier indicio de molestia de Tsukushi, y la miró, observando los rasgos de su cara, el rubor que cubría sus mejillas y las incipientes lágrimas que querían brotar de los ojos de la mujer.

- Eres lo más hermoso que he visto nunca.. Eres lo mejor de mi vida.. Y, no entiendo cómo he podido vivir sin ti.. durante tanto tiempo… - habló por lo bajo, reteniendo en su retina todo lo que pudiera de ella….

Gemidos

Tormenta


Tormenta

Capítulo 3

El aire se colaba suavemente por la habitación, y a la vez, una extraña presencia, que se acercó sin hacer ruido hacia donde estaba Makino, que, ajena a todo, seguía sumida en sus propias lagrimas y pensamientos.

Y allí se erguía él, porque, oh, ¿pensaba que la iba a dejar en su soledad.. y después de recibir un pago tan dulce?….

No, su fuero interno le gritó que aquél era el momento, que no podía dejarla sola, que tenía que amarla… con aún más razones.

Un leve resplandor, seguido de un trueno a lo lejos, presagiaba una tormenta, que enfrentaba en igual proporción a la que se libraba en el interior de Tsukasa… que no podía estar quieto, pero tampoco quería meter la pata.

Se quedó allí por unos segundos, observando con preocupación a la mujer, y preguntándose porqué demonios estaba ante ella sin hacer absolutamente nada.- ¿Acaso NO eres un hombre? ¿Porqué te detienes ahora? - Abrió la boca como para decir algo, al ver a Tsukasa ante ella, pero volvió a cerrarla al darse cuenta de que no tenía nada que decir. No ahora.

Se puso en tensión… cuando él se acercó demasiado a ella.

Abrió los ojos desmesuradamente, y acotó la cabeza, desviando la mirada para no tener que encontrarse con la de él, aunque ya era demasiado tarde… le notaba tan cerca que lo deseaba…

Entrecerró los ojos, tragando saliva y apretando los puños, para intentar sacar fuerzas de flaqueza y echarle de allí.

Por el contrario, Tsukasa seguía acercándose a ella, tentandola levemente, susurrándole palabras que poco a poco fueron sumiendo a la mujer en una espiral de deseos insatisfechos, deseos que mordían su vientre y su piel.

Se dejó llevar, cerrando los ojos al tiempo que notaba cómo Tsukasa posaba sus labios sobre los de ella, tan delicadamente que parecía imposible que fuera el mismo muchacho bruto y descuidado que había conseguido robar su corazón.

Se deleitó con aquél roce, suave, dulce, tierno, que lentamense te volvía más lascivo, y acabó por pasear sus manos por las mejillas y la nuca del chico, que a su vez deslizó sus manos por la cintura de Tsukushi, acariciándola con los dedos de tal forma que parecía temer romperla.

- Te quiero… - Susurraba casi cada tras beso, escuchando a su vez las respuestas de Tsukasa, que eran igual de dulces.

Valía la pena vivir por aquellos momentos, pensó, y se dejó caer sobre la cama, con un suave y ligero movimiento del chico, que sabía muy bien lo que hacía…


Éxtasis

Primera Vez

Primera Vez

Capítulo 2


Se puso en pie como pudo, con las piernas temblando y el corazón aún en un puño.

Había pasado ya un buen rato desde que había dejado plantado a Tsukasa tras las cuatro paredes que la protegían de su presencia.

En realidad, deseaba estar con él, quería que su primera vez fuera con el hombre que amaba, pero, tenía tanto, ¡¡tanto!! miedo..

No sabía si estaba preparada para aquella unión, pero tambien estaba cansada de todos aquellos juegos, y de tener que estar siempre pendiente de lo que podía pasar a su alrededor, o de quién podía descubrirles…

Sollozó, al borde de un colapso nervioso, y andó hacia la cama, para echarse en ella como un peso muerto, hundiendo su cara en las sábanas, que pronto humedeció con sus lágrimas.

Porque parecía dura, fuerte y decidida, pero tambien era débil, y estaba cansada, y deseaba estar con él con todas sus fuerzas, y aquella situación la mataba cada vez más…

Una y otra vez había pensado en dejarle, incluso habían llegado a cortar, pero… de un modo u otro, finalmente habían acabado por estar juntos. Reencontrándose, hiriéndose, destrozándose, y volviendo a enredarse…

Era un acuerdo con el tiempo, que los estaba dejando totalmente sin fuerzas.

Suspiró y sollozó aún más gravemente, y no prestó atención a la sombra que se alargaba a través de los ventanales abiertos de su habitación….


Tormenta

Beso

Beso

Capítulo 1

La abrazó en su mente con todas sus fuerzas.

No quería dejarla marchar, ¡¡no lo permitiría!! Estaba TAN cansado de esperar, de luchar por ella y de vivir en un constante sin salida… que, por fín, sus instintos habían sido vencidos, y decidió que esa noche ella iba a ser suya.

Caminó hacia la habitación donde la había dejado descansando, por fortuna estaban totalmente solos, sin bruja por medio ni hermana escandalosa ni.. Nadie que pudiera detenerle.

- Pequeña niña tonta, te has fiado de un hombre, te has quedado a solas en su casa… lo que quieres es volverme loco!! Lo sé, ¡¡lo sé!!

Se paró en seco a pocos metros de la puerta, pues algo le había hecho saltar una pequeña alarma en su cabeza.

- Tsukaaasaaaaa…. – una voz familiar y extrañamente nerviosa y malhumorada lo asustó por un segundo, y vio cómo Tsukushi sacaba la cabeza por el marco de la puerta.

- ¿Qué demonios estás haciendo aquí, pervertido? – con la almohada en la mano, intentaba imponerle algo de… respeto…

Tsukasa, sorprendido y con aire descolocado, se acercó a ella, y no pudo por menos que echarse a reír.

- Makino!!! Jajajaj.. Qué.. ¿qué haces así? ¡¡De esta forma NO podrás seducirme nunca!! – A lo que la chica le estampó el almohadón al muchacho, con algo de rabia contenida.

Bueno… por lo menos creo que.. ya no querrá atacarme.. – pensó.. Pues ciertamente había pasado toda la noche esperando aquél encuentro.

Mientras, Tsukasa peleaba por sacarse de encima todas las pequeñas plumitas que salían despedidas del almohadón espatarrado. Tirandolo con mala leche al suelo, cogió a Tsukushi por el brazo, acercandola a él peligrosamente, y la miró con fiereza.

- Me has puesto de mala leche… maldita… – gruñó, aunque no pudo decir nada más, porque de pronto se encontró con un dulce y ansiado beso, que acabó tan fugazmente como vino, con Tsukushi desapareciendo tras la puerta.

Se dejó caer, resbalando contra la puerta, con el corazón retumbando en su pecho y el rostro bullendo de sonrojez.

- Callate… idiota… – murmuró, mientras esperaba que eso funcionase para detenerle y que no intentase nada… de momento…


Primera Vez

Lemmon Tabla 1 HYD

Lemmon Tabla 1 

Fandom : HanaYoriDango

Claim : Pareja, Tsukasa/Makino


1. Beso
2. Primera vez
3.Tormenta
4. Éxtasis
5.Gemidos
6.Respiración
7. Muslos
8. Susurro
9. Caliente
10.Corazón
11. Pasión
12. Necesidad
13.Cuerpos
14. Piel
15. Labios
16. Aroma
17. Cuello
18. Juegos
19.Sensualidad
20. Pecho(s)*
21.Seducción
22.Cautiva
23.Tierno
24. Salvajes
25. Erótico
26. Boca
27. Danza
28.Posesivo
29.Excitación
30.Dominante
31.Movimiento
32.Orgasmo
33.Locura
34.Sangre
35.Lágrimas

07. Joshua

Tema: Libre
Protagonista: Lo que quieras
Palabras: Reloj, paisaje, belleza, tenebroso, chispa, luna, nocturno, relampago, frio, miedo.
Sin límite de palabras.

—————————————————————————————–

Miro el *reloj* enfebrecida. He perdido la cuenta de las veces que he mirado la resquebrajada esfera de cristal que se detuvo en algún momento.

Las varillas fosforescentes sólo acrecentan el *miedo* que siento, sobrecogida por la oscuridad que me ha engullido.

Odio el momento en el que me dejé convencer para entrar en aquél *tenebroso* caserón, pero Joshua me embaucó con sus ojos y su sonrisa, y le dije a todo que sí.

Aunque supongo que tiene más que ver con que me prometió pasar una noche completa conmigo si conseguía encontrarle en aquél caserón.

Claro, ya lo tengo, son mis hormonas. A ellas las tendría que estragular…

Intento respirar hondo pero el aire viciado está lleno de polvo, y me abrasa los pulmones ; toso casi como si me estuvieran arrancando las entrañas, y es el único sonido que rompe el silencio.

De pronto, oigo un chasquido, y el corazón se me va por la boca, contengo la respiración cianto puedo y miro con cautela hacia donde se supone que hay algo.

El *frío* *nocturno* hace mella en mi piel, pero aparte haya lgo helado que se desliza por mi espalda, y doy un respingo mientras mi grito me deja sorda por unos segundos.

Una risita sofocada emerge muy cerca de mí, y oigo otro chasquido ; una *chispa* azulada y una tremulosa luz se abren paso, y me muestran un par de ojos gatunos, que brillan por sí solos y me miran afablemente, pero con cierto aire travieso.

Se me escapa el aire porla boca al tiempo que pienso que le he encontrado, y mis manos avanzan para tocar su piel, que noto extrañamente suave y peluda.

Un trueno suena distante, y un *relampago* alumbra tenuemente el pasillo donde estoy , las ventanas chapadas con tablones de madera enmohecidos filtran la luz que proviene de la *luna* colgada en el cielo, y me quedo absorta por una *belleza* que veo en él.

- Joshua… – mi voz se entrecorta, y el calor empieza a inundar mi cuerpo.

Él sonríe de aquella forma que tanto me excita, y se acerca un poco más, dejando caer la cerilla al suelo húmedo, y en un instante todo vuelve a estar oscuro, aunque ya no tengo miedo, porque él ya está conmigo…

Sus manos, su piel, inlcuso si aliento arde, y mi cuerpo le responde a pesar de que mi mente me pone sobre aviso ; aquel *paisaje* sombrío no es el que me imaginaba para mi primera vez….

Sin embargo, cierro los ojos y me dejo llevar, acunada por su olor y el ronroneo que surge de su pecho…. sin entender que ese será el último sonido agradable que escucharé….

Ps : No sabía si dejar un final tragico, dulce, o qué… así que lo dejo semi abierto… imaginad vosotras lo que querais..

05. Isla

Tema: Libre
Protagonista: Lo que quieras
Palabras: Deseo, ilusión, tiempo, agua, barco, terminación, cielo.
Sin límite de palabras.

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Se puede contemplar como un ligero Spoiler de Crepusculo. Uso dos personajes conocidos pero todo lo demas me lo invento xD

Contempló el *cielo* desnudo.

Un azul claro se extendía en el horizonte, contrastando con un azul profundo que mecía el *barco* donde viajaban.

Sonrió dejando vagar su memoria hasta el primer momento en el que tuvo conciencia de él, y fantaseó con el *tiempo* que aún les quedaba por delante.

Acarició el guardapelo que siempre llevaba consigo, evocando con mucho amor el momento en que se lo regalaron, y observó distraída la evolución de un delfín que emergió del *agua* salada con un grácil salto, y que pareció mirarla fíjamente, al tiempo que profería unos grititos.

- Te está saludando.. – una voz profunda y algo ronca acaició sus oídos, y un cuerpo caliente se pegó a ella.

Rodearon su cuerpo por la espalda, y notó cómo la mejilla del chico se apoyaba en la curva que se dibujaba entre su cuello y su hombro, y sonrió de nuevo.

- ¿Tú crees? – murmuró con su voz cristalina, llena de *ilusión* porque él la hubiera venido a buscar.

Asintió suavemente, y le besó el cuello, haciendo que cualquier *terminación* nerviosa vibrara de placer.

- Nessie.. te *deseo*… – su voz sonó aún mas ronca, y ella rió, removiendose un poco bajo el ardiente abrazo.

Ladeó su rostro, buscando los labios del chico, y le besó juguetonamente, tras lo cual le miró fíjamente como sabía que lo dejaba aturdido.

- No, Jacob…. No hasta que lleguemos a la isla… -

Y se refugió en su pecho, esperando ansiosa arribar a final de trayecto…


07. Joshua

02. Medusa


Tema: A tu elección

Protagonista: Un ser mitológico

Palabras: Dolor, ansías, calor, vela, erotismo, fluir, espejo, belleza, manantial, tesoro

Longitud: Sin límite de palabras

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Se acercó al *manantial* para beber de sus aguas, frescas y teñidas con un dulce sabor a miel.


Cerró los ojos, mientras agudizaba el oído para captar los sonidos que la rodeaban, pero sólo podía notar el *fluir* lento e incesante del agua.


Admiró su rostro en el *espejo* de agua, y las serpientes de su testa se removieron inquietas al verse reflejadas.


Sisearon amenazadoras y mordieron el aire hasta que se cansaron y ella rió, y su voz navegó hasta oídos de un muchacho, que la observaba inquieto desde una distancia prudencial.


No la había visto en su vida, pero le había parecido la criatura mas hermosa que podría encontrar, y se quedó embelesado, sin saber el aciago destino con el que estaba empezando a su hilar su vida.


La mujer, sin embargo, rió con mas ganas, porque sabía que había atrapado la fantasía de un muchacho, y procuró ser cauta, para que él no la abandonara demasiado pronto.


No había tenido oportunidad de conocer a ningún muchacho antes, porque su vieja madre la había advertido de que si se acercaba a cualquier ser humano, lo mataría. Y se había apenado durante muchos años, pero al final había decidido que aquello no podía ser verdad.


Las *ansias* por conocer mundo y *calor* de hombre habían eclipsado el horror que le había dejado la muerta de su anciana madre, y se arrodilló frente al manantial, esperando que aquel que la observaba se atreviera a poseerla.


Hundió su mano en el agua, jugando con ella como cuando jugaba con la llama de una *vela*, deslizando los dedos mientras musitaba una lenta canción.


Y el muchacho, subyugado por la *belleza* que apenas podía contemplar, se acercó a la mujer, proclamando en su interior que ella sería su mayor *tesoro.*


Sin saber porqué, se acercó cada vez más, peligrosamente, hechizado por el *erotismo * de sus hombros desnudos y su leve cintura, hasta que casi pudo tocar con sus dedos la espalda de ella. Y su cabello, sus serpientes enfurecidas, se movieron todas contra él, mordiendo con saña la muñeca del muchacho, que se quedó lívido al notar los colmillos hundiéndose una y otra vez en su piel.


Pero por lo menos respiraba… algo que dejó de hacer cuando ella se giró abruptamente para enfocarle con sus ojos, y el muchacho cayó en su hechizo, transformando su piel y sangre en piedra, y el grito de *dolor* mas escalofriante cruzó aquellas tierras…. mostrando la verdad de su horripilante ser a la mujer…


05. Isla

01. Anillo

01. Anillo
Tema : Dentro de una caja de zapatos.
Protagonista : Lo que quieras XD
Palabras que tienen que salir : mar, rabia, torre del reloj, inglés, agua, agitación, Anatoli (como nombre), sentimiento, llovizna, desesperante
No hay límite de palabras.

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Todo estaba oscuro y en silencio.

Me pregunté cuanto tiempo llevaba allí, y, aunque me aburría, estaba dispuesta a ser paciente.


Recordaba el día en que me dejaron tirada allí dentro, entre pelusillas y polvo y un pequeño lápiz que había sido olvidado después de que lo mordisquearan con saña.


Me estremecí, y sentí pena por él, pero estaba convencida de que a mí no me podrían destrozar de tal forma.


Y, de pronto, noté una sacudida, y la presión hizo que mi cuerpo zumbara, emitiendo un ruidito chillón.


La *agitación* se adueñó de mí. ¿Iba a salir? ¿Por fín?


Se abrió paso por un resquicio encima de mí una luz azulada. No me dí cuenta de que era de noche hasta que pude ver la luna menguante en el cielo.


Y si hubiera podido respirar, estaba segura de que el aire resultaría delicioso.


Oí la *llovizna* que caía, y añoré aquellos momentos en los que mi dueña dejaba que me mojara, cuando paseaba bajo la lluvia con su amante. Antes de que me condenara a la soledad en aquella caja…


Intenté mirar a *Anatoli* cuando me sacó de mi encierro, y rodeó uno de sus dedos conmigo.


Sentí la *rabia* en ella, y luego el dolor.


Cayó *agua* sobre mí, y me dí cuenta que la lluviaestaba dentro de aquella habitacion ; las lágrimas caían de sus ojos sin parar, y gimoteaba a la vez que me daba besos tiernos y suaves.


Así estuvo un tiempo, hasta que el sonido de unas campanadas quebraron sus sollozos.


La *torre del reloj* se iluminó suavemente, mientras las agujas marcaban las dos.


Ella suspiró, y me deslizó suavemente lejos de ella, dejandome sobre el alfeizar de la ventana abierta.


Si hubiera tenido labios, habría suspirado, porque ante mí sólo se abría una posibilidad. Ella iba a abandonarme.


Tal vez sentí pavor, pero sólo noté en mi consciencia el *mar* embravecido de sus *sentimientos*, y el *agua* que caía sobre mí ; ella volvía a llorar.


Noté cómo alzó la mano, tenía algo agarrado con fuerza que no supe ver, y en segundos noté un gran golpe, que estalló sobre mí y me hirió, dejandome totalmente inservible.


Un grito desgarrador escapó de sus labios, que se sobrepuso al mío.


Y por primera vez y después de tanto tiempo, sentí odio hacia aquel muchacho *inglés* que me había entregado a ella, como prenda de un amor apasionado y eterno… porque su promesa fué fugaz, y sólo serví para apagar su deseo.


Bruscamente, Anatoli descargó otro golpe sobre mí, y éste resultó tan brutal que caí hecha pedazos a sus pies.


Las esquirlas de mis zafiros, que habían nacido conmigo, se dispersaron a mi alrededor, y un *desesperante* vacío se adueñó de mí, mientras mi conciencia se sumía en un letargo profundo, del que sabía no iba a despertar…


02. Medusa

Desafíos HYD






































Estos desafíos se crearon en el ya exstinto foro de HYD...


01. Anillo
02. Medusa
05. Isla
07. Joshua.

Lluvia amarga















































Lluvia cae torrencialmente, empañando mi cara y royendo mi alma...

Drama/Angst - Published: 4-6-06 - Complete


Lluvia amarga

Dômyoji había quedado allí, de pie, sin saber qué hacer. Sus piernas no respondían, y su cuerpo, laso, empezaba a dolerle terriblemente.

Su mente, llena de las palabras que Makino había pronunciado casi como si a ella no le hubieran destrozado, estaba a punto de estallar.

"Pero, ¿qué dices?" - pensó, aún aturdido. - "No te creo."

- ¿¿¡¡Me oyes? ¡¡NO TE CREOOOO! - gritó con todas sus fuerzas, aullando ferozmente, mientras daba media vuelta y se lanzaba sobre la chica, que seguía de pie, dándole la espalda, hablando con la anciana ama de llaves.

La abrazó con fuerza, sin darle posibilidad de escapar, casi como si quisiera romperla entre sus brazos.

- No puedes dejarme así... Makino... - sollozó, escondido en el hombro de la chica, sin pretender parar las lágrimas que vertían sus oscuros ojos. La debilidad del chico había aflorado por un instante, y no se sentía ridículo en absoluto.

Apretó los ojos y la mandíbula con fuerza, y deshizo el apretado abrazo, cogiendola por los hombros y dándole la vuelta para encararsela.

- No soy un perro. No puedes abandonarme así. Además... - la miró, desconcertado, mudando su expresión - ¡¡estás llorando!

La lluvia arreció, calandoles hasta los huesos, y Makino, a pesar de querer echar a correr, a pesar de todo lo que le había dicho y de tener la esperanza de ser capaz de romper con aquellos lazos... a pesar de todo aquello, se abandonó a sus lagrimas, perdiendose en aquella mirada dura y a la vez tierna, que se había clavado en su ser sin apenas saberlo.

- Dô... Dômyoji... su... sueltame! ¡¡Tengo que... irme! - el corazón se rompía en pedazos, e intentó buscar un manera de rehuirle, sacudiendose como podía entre sus manos.

Él la miró, tan serio que la aterraba, y la cogió en brazos, obviando lo que ella pudiera objetar, dando rápidas zancadas hacia la casa, agarrando con fuerza a la chica.

- No tengo intención de dejarte escapar, Makino. Eres mía. - la miró fugazmente, y la entró en la casa, arrancando murmullos y gritos de excitación de las muchachas del servicio, que suspiraban y cuchicheaban entre ellas.

- Pe... pero, ¡¡suéltame! ¡¡he dicho que me sueltes, monstruo! - gritó, golpeandole con los nudillos en el pecho, a pesar de que se sentía terriblemente feliz por estar otra vez entre sus brazos.

Ni siquiera se inmutó, y cruzó el marco de la puerta de la habitación, sin soltarla.

Makino se ruborizó, al imaginar por un momento una noche en la que hicieran lo mismo, pero enfundados en ropajes blancos de satén.

"¿¿¿En QUÉ estas pensando?" - se reprendió a sí misma, arrancandose la idea de la cabeza.

Abrió de una patada la puerta, y la cerró del mismo modo.

Suavemente la dejó caer en la cama, y se estiró a su lado, pasando parte de su cuerpo sobre Makino.

Mirandola a los ojos, hambriento de besos y caricias, chorreando agua y sin atreverse a separarse de ella por si desaparecía de su lado, susurró, con su voz siempre grave.

- Te amo, y no voy a perderte. No me importa lo que tenga que hacer, pero tú te quedas conmigo. Es lo único que quiero en este mundo... - y se dejó caer sobre su pecho, abstrayendose con los latidos de su amor...

miércoles, 1 de agosto de 2012

Amore mío 9



Tsukasa, que se había quedado helado tras despertarse de su atontamiento y recordar lo que había sucedido, salió como un cohete de la habitación, dispuesto a encontrar a SU Makino y pedirle explicaciones a su hermana... o pegarle un buen mordisco.

- ¿Dónde se habrá metido... ? - miraba de un lado a otro, abriendo puertas y cerrandolas de un portazo al comprobar que ella no estaba alí dentro.

Andaba desesperado, sintiendo un pavor irracional a que ella estuviese sola.

- ¡Maldita Tsubaki! - pegó un puñetazo en la pared, y se quedó por un momento en absoluto silencio, buscando algún indicio, algo, con el que saber dónde estaba la chica.

Bruscamente, alzó la cabeza, sin dejar de mirar hacia una dirección en concreto ; le había latido un presentimiento, y estaba seguro de que sabía dónde encontrarla.

Sin apartar la vista ni dejar de escuchar, caminó dando grandes zancadas, olisqueando el aire ; un aroma a jabón y aire caliente le hacía cosquillas suavemente, y así supo que iba en dirección correcta.

Tras recorrer un amplio pasillo y desviarse en algunos momentos, dió con la maldita puerta tras la cual estaba ella.

Picó con los nudillos al princpio, preguntando si había alguien para no mostrarse demasiado bruto, pero, al no obtener respuesta, mandó al cuerno todas las delicadezas, y entró en la habitación sin más, siendo atacado al instante por una densa vaharada de vapor, que lo dejó sin aliento por unos segundos.

Con movimientos de la mano intentando apartar de su campo de visión aquél vapor, siguió caminando, de pronto desconcertado al no recordar exactamente en qué habitación estaba.

Tan desorientado estaba, que cayó de bruces en el agua, empapandose totalmente y despertando a la chica, que hasta ese momento había estado dormida.

- ¡MALDITA SEA! - maldijo Tsukasa, poniendose de pie a disgusto e intentando salir de allí.

Entonces, la vió, y se quedó completamente paralizado.

- E.. ¿estás bien?.. ¿qué haces aquí?... - le preguntó, tragando saliva y sin atreverse a acercarse a ella, no fuera que no pudiera resistirse al hambre que le había asaltado de golpe.

- Yo... Tu hermana... - balbucía, con los ojos entrecerrados. Intentó ponerse en pie, pero lo que más pudo hacer es caer sobre Tsukasa una vez en pie ; se sentía debil y no podía guardar el equilibrio.

- Mujer estúpida! ¿ No te das cuenta de que has estado demasiado tiempo dentro del agua? Tsks! - gruñó Tsukasa, aunque se sentía feliz porque ahora tenía una excusa para llevarla en brazos hasta su habitación. - Ven aquí... - dijo, cogiendola y apoyandola contra sí, saliendo a toda prisa de aquella bañera y de la habitación, que ya lo estaba ahogando con tanto vaporcillo.

- Cuando encuentre a mi hermano, la mato.. lo juro... - sentenció, pegándole ojeadas a Makino, que seguía medio consciente y se aferraba a Tsukasa, rodeandole con un brazo por la espalda y apoyando la mano en su pecho.

Cruzó la primera puerta donde recordaba vagamente que podía haber una cama, y, en efecto, descubrió una de tantas habitaciones en desuso, en la que escondió a la chica, dejándola sobre el mullido colchón e intentando arrebujarla como podía con las ropas de cama.

Se acercó hasta la puerta de entrada, y cerró con pestillo para más seguridad ; no le apetecía en absoluto que los pudieran interrumpir... por su cabeza retorcida cruzaron una serie de flashes, pero se dió un buen par de golpes con el dorso de la mano para intentar sacarselos de la cabeza.

- Tranquilo... - intentó autodisciplinarse, y volvió a la cama, al lado de Makino.

Se desnudó completamente, y se metió en la cama junto a ella, sin siquiera mirarla... a pesar de que era peor el remedio que la enfermedad.


Amore mío 8


























Un taconeo rápido se aproximó a la habitación, y, sin previo aviso, abrieron la puerta de golpe, con el consiguiente sobresalto para los dos.

- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH! ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO, ESTÚPIDO! - Tsubaki se echó encima de su hermano, mordiendole la oreja mientras le daba de collejas. - Pero, ¿no ves cómo está Tsukushi? ¡Está MUERTA de MIEDO! ¡Desgraciado, vete a satisfacer tus bajos instintos con tu amiga la mano, animal ! - sin cortarse un pelo, le pegó una patada en el trasero que lo estampó contra el suelo, y aprovechó para coger de la mano a Makino y sacarla de una imaginaria sala de torturas.

- Aaaaaaaaahhhhh... siempre igual... - suspiró Tsukushi, riendose por lo bajini de cómo les había interrumpido Tsubaki, y cómo lo había malinterpretado todo otra vez...

Se dejó llevar por Tsubaki, que tiraba de ella como si se tratase de un peluche, y, al llegar a lo que la mujer evaluó como una distancia prudencial, pararon en seco.

- ¡Perdona a mi hermano, Mukuchino! - exclamó Tsubaki

- Es Makino... - susurró Tsukushi, recordando cómo solía equivocarse al mentarla.

- ¡Eso mismo! ... Bueno, disculpa al animal de mi hermano, que sólo sabe ser bruto, el pobre...

- Oh, no, ¡no! - interpuso las manos graciosamente entre ellas dos, gesticulando - ¡Que no ha pasado nada!

Además, ¡ha sido culpa mía!

Otra vez el rubor escandalizó a sus mejillas, aún sintiendo palpitar el ansia que la estaba carcomiendo.

- Bueno... tú me estás vacilando, ¿no? - se reprochó a su puñetera voz interior, que la chinchaba con más y más imágenes de un Tsukasa semidesnudo haciendole tropocientas mil cosas.

Avergonzada, bajó la mirada ante aquella espectacular mujer, rezando para que no se diera cuenta de lo que estaba sintiendo.

Tsubaki la cogió de las manos, y, estrechandoselas, le sonrió ampliamente, tratándola casi con un inmenso amor de madre.

- ¿Porqué no vas a ducharte y vestirte? Luego desayunamos y... vamos a pasear, ¿apetece?

Tsukushi asintió, aunque no muy convencida, y entró en la habitación que Tsubaki le señalaba.

Era, como no, enorme, de suelo marmóreo y tan reluciente que podía verse reflejada en él.

- Pero, ¿quien necesita un baño taaaan grande? Si casi está vacío! - su voz reverberó a causa del eco. - Es increíble, la bañera... - miró alrededor intentando encontrarla, dándose cuenta de que no aparecía por ninguna parte.

- Pero... ¿dónde está? Una habitación tan grande para un baño y... ¿no hay ... ? - se quedó callada al ver un botón pequeño en el suelo, a sus pies.

Lo oprimió con la punta del pie, y casi cae de espaldas al ver cómo una maquinaria retraía unos paneles del suelo, dejando a la vista una enorme especie de piscina que cubría casi toda la superficie que había creído desnuda.

- Madre mía... - suspiró, con ganas de huir de allí... pero, cansada, decidió darse un buen baño, a poder ser de agua calentita.. y esperar un poco más.

- No necesito quebrarme más la cabeza... hoy no... -

Se desnudó tranquilamente, plegando la ropa y dejandola en un montoncito, en un lado algo apartado, y estudió cómo hacer que al agua empezara a llenar la superficie marmórea.

Tras unos minutos investigando los extraños paneles y habiendolos tocado todos, consiguió llenarla de agua calentita, con espuma e incluso sales de baño.

Se ayudó de la pequeña escalinata que había, y se dejó caer casi en plancha allí dentro, derritiendose de gustito.

- Ayyyy.. qué bien... - suspiró, cerrando los ojos y preguntandose cómo podía alguien acostumbrarse a algo tan sombrío.

Se dejó llevar por la calidez del momento, e intentó relajarse, aunque su cabeza no cesaba de trabajar.

Ella, Tsukasa, su cara al volverla a ver, la tristeza con la que huyó de allí... los desgraciados aquellos, el olor a hospital y la cara desencajada de aquél chico... todo formaba un inmenso ovillo en su cabeza, del cual no podía desprenderse.

Poco a poco fué quedandose dormida, aún cansada de todo el estrés acumulado, y tuvo sueños oscuros... sueños intranquilos en los que no superaba el reciente ataque... Dômyoji no estaba allí para salvarla.

Amore mío 9


Amore Mío 7



Así pues, una hora después Makino ya estaba en la gran mansión Dômyoji, abrazada con mimo por el chico, que se había acostado en la misma cama, planeaba no dejarla sola ni un minuto.

Por fortuna, su madre se había largado tan buen puento creyó que por el momento aquella niñata no les molestaría, así que no tenía que molestarse en pensar cómo eludir cualquier ataque.

Acomodó la cabeza de SU Makino sobre su pecho, y la abrazó tan fuerte como pudo, cerrando los ojos y aspirando el débil aroma a almendras que exhudaba la chica.

- Uffff... Pero, ¿En qué estás pensando? - una voz en su cabeza lo reprendió.

Apretó los ojos e intentó concentrarse en algún sonido que viniera del exterior, mientras notaba cómo su cuerpo se despertaba por su cuenta, la proximidad de la fémina alborotaba sus pasiones.

- ¡Táctica de distracción! - musitó para sí mismo, recreando ante sí a una Kaede desnuda - Aaaaajjjjj... - hizo una mueca de asco, pero al momento la imagen de su amada Makino se superpuso a aquella tan grotesca, desbaratanto todo lo que había conseguido hasta el momento.

Se negaba a dejarla sola, su tozudez ganaba a sus impulsos más primitivos... agotandole en su batalla interna.

- Me... me muerooo... - gruñó, deseando poder comportarse como un animal irracional.

Y por fín, muy entrada la noche, se durmió, iracundo pero satisfecho de no haber caído en la tentación de hacer suya a la mujer que dormitaba a su lado.

Se despertó con el trinar de unos cuantos pájaros, que tenían por mala costumbre canturrear a una hora demasiado temprana.

- ¡SSSSHHHH! ¿Quereis callaros, malditos engendros del diablo? ¡Como os pille, me preparo un estofado con vosotros y se lo doy de comer a los sirvientes! - amenazó en un gruñido, somnoliento.

Arrastró el brazo por el colchón, pero en vez de devolverle la calidez de un cuerpo, sólo recibió a cambio el tacto sedoso pero frío de las sábanas ; se levantó de golpe, barriendo la habitación con la mirada, mas ella no estaba allí.

- ¡MAKINO! - gritó, asustado, y se puso en pie de un salto, corriendo hacia la puerta y casi estrellandose contra ella al tropezar con algo.

¡TROMP!

Un fuerte golpe retumbó en la habitación, y Dômyoji apareció en el suelo, rabioso y dispuesto a morder cualquier cosa.

- Pero, ¿qué cojo...? - el improperio murió en su garganta, reemplazado por un bufido.

- ¿Qué estás haciendo aquí? - se abalanzó sobre el cuerpo que, hecho un ovillo, le había hecho zozobrar y caer.

- ¡Jaaajajajajajajaaa! - la chica rió de buena gana, a pesar de la cara de espanto y enfado del chico - ¡Qué gracioso estás! ¡Mira ésta vena, casi se te sale! - señaló a su frente, donde latía una vena que casi acojonaba...

- No me hace puta gracia - dió un fuerte puñetazo al suelo de mármol, quedando a pocos milímetros de la cabeza de la chica.

Se puso sobre ella sin atinar que tal vez ella no estuviera preparada para revivir esa sensación de debilidad, y apoyó su otra mano en el suelo, atrapándola.

Inconscientemente, Makino quiso apartarle, empujando su pecho como si así pudiera sacárselo de encima ; estaba asustada, recordando la salvajada de la noche anterior.

Se removió bajo aquél cuerpo fuerte y musculoso, y se odió a sí misma por querer que él sí le hiciera lo que aquellos engendros no acabaron...

Amore mío 8


Amore Mío 6



Estuvo plantado allí delante durante un tiempo ; las piernas empezaron a fallarle.

A pesar de ser el GRAN Dômyoji, no había conseguido proteger a su chica... porque, a pesar de todo lo que había hecho para intentar protejerla, a pesar de haber hecho caso a su puñetera madre e intentar hacerle creer que ya no la necesitaba... A pesar de todo eso, él la seguía amando.

No podía dejar de pensar en ella, era la mujer de su vida, la parte que le faltaba a su alma para estar completo... y siempre tenían que estar igual, rodeados de problemas...

La cabeza le daba vueltas, y estaba seguro de que le iba a estallar de un momento a otro.

- ¡Basta ya! - se gritó a sí mismo, y entró en la habitación, para encontrar a la chica estirada en la cama, con un gotero ensartado en su brazo, y con cara de haber sufrido demasiado.

Y allí, ante ella, rompió a llorar, mostrando su debilidad, la que no quería mostrar a nadie, pero que él también tenía, destrozada por lo que le habían hecho a su amor...

Se llevó la mano a la cara, y apretó los dedos contra sus ojos, para que parasen de llorar.

No dejó de hacerlo hasta que vió teñirse su campo de visión de pequeñas manchas de luz y color.

Se acercó a la cabecera de la cama, sentandose en una silla que habían dejado estratégicamente allí, y juntó las palmas de sus manos, como si rezase a algún dios para que ella se despertase, fijando sus pupiilas en un punto imaginario.

Al poco se quedó dormido, agotado, y en sus sueños confusos sólo veía las mismas escenas :

Makino bajo aquél desgraciado, Makino gritando desaforadamente, Makino violada salvajemente... y él de pie, congelado, sin poder dar ni un paso... Era asfixiante.

Se despertó acongojado y con lágrimas en los ojos, casi gritando el nombre de la chica, pero al poco se dió cuenta de dónde estaba, así que guardó silencio, escuchando atentamente los latidos de su corazón.

Por último, se dió cuenta de que alguien le observaba, y miró por inercia hacia Makino, que lo miraba con los ojos muy abiertos, aunque sin decir nada...

Dômyoji tragó saliva con dificultad, y se acercó a ella lentamente, preguntándose cuál sería su reacción.

- Lo... lo siento..- tragó saliva otra vez, y se enfrentó a la inquiriente mirada de la chica, que titilaba aún por el miedo.

- Ah... - dejó escapar un gemido, pero no se echó a llorar, a pesar de que todos los recuerdos se agolpaban en su mente.

Alzó su mano para acariciar la mejilla de Dômyoji, en la que se notaba el surco de las lágrimas que habían resbalado siguiendo siempre el mismo camino, irritándole incluso la piel.

Sólo quería verle a él, sentirle a él... ni siquiera ahora podía odiarle.

- No me odies - espetó Tsukasa, asustado como un niño. - Siento no haberte protegido, siento haber hecho caso de esa zorra que tengo por madre, yo... -

- Shhh... déjalo! - susurró Makino, medio sedada aún por la medicación. Quiso seguir hablando, pero cerró los ojos, y cayó en un sueño profundo.

- Es normal... está agotada... - se resignó Dômyoji, y salió de la habitación intentando no hacer ruido, dirigiendose resuelto al especialista que la había tratado, para convencerle con el poder de su apellido de que la chica estaría mejor con él.

- Yo me encargaré de todo, tendrá todas las atenciones convenientes : Me la llevo. -

Y así lo hizo, a pesar de las objeciones del equipo médico, que, como siempre, al hablarles de dinero, permitieron que hiciera lo que quería...

Amore Mío 7


Amore Mío 5



Tsukasa ni se dió cuenta de cómo hundían en su costado la hoja de una navaja, tal era su rabia.

Agarró al inconsciente que había intentado herirle, y volvió a hacer lo mismo que con el otro, que yacía aún en el suelo, inconsciente.

Empotró una y otra vez la cara de aquél energúmeno en la arena, hasta que sus ojos quedaron en blanco, y, de un codazo, se sacó de encima al niñato que había intentado pararle.

- O te estás quieto o te rompo el cuello, desgraciado! - gruñó abruptamente al tipo, que cayó al suelo de espaldas y prefirió dejar correr la venganza. Ése tipo daba verdadero miedo, y no tenía ganas de acabar como aquellos...

- Para una maldita vez que me atrevo a follarme a una zorrita desconocida... - gruñó entre dientes.

Tsukasa se quedó quieto, casi como si no hubiera escuchado a aquél desgraciado, salvo que le brillaron los ojos con un brillo asesino... se giró sobre sí mismo poniendose en pie, y,

de la patada que le propinó en la cara, le destrozó la mandíbula.

- JÓDETE! - gruño Dômyoji, y cogió con todo el mimo del mundo a Makino, que sollozaba incontroladamente, a pesar de que estaba profundamente desvanecida... su cuerpo daba pequeñas sacudidas, y Dômyoji odió en aquél momento todo su mundo ; no había podido proteger a lo que más quería...

Se dirigió corriendo hacia una calle concurrida, y cojió el primer taxi que vió pasar, parandole con un potente silbido.

- Al hospital más cercano, ¡deprisa! - espetó, sin dejar de acunar a su chica, temblando aún de rabia y de tristeza.

- Estrangularé a la vieja... esto no hubiera pasado si no la hubiera dejado ir sola! -

El taxista se ganó una buena propina, pues hizo bien su trabajo, no había pasado ni diez minutos que ellos ya estaban a las puertas de un gran hospital.

Con la cara desencajada y pálido como una sábana, entró corriendo en urgencias, armando un gran escándalo al ver que no les atendían rápidamente.

- ¡No me IMPORTA que haya más gente en espera! ¿Esque no sabe quién demonios soy? ¡Mi familia ha donado mucho dinero para su maldito hospital, así que o nos atiende o les juro que les hundo! - gritó a grito pelado, con cara de morderles a todos.

Tras unos murmullos y gritos de sorpresa y pavor por reconocer al joven desencajado, cojieron a la chiquilla, depositandola con cuidado en

una camilla y llevandola a una sala para examinarla.

Pasó un tiempo, en el que Dômyoji, pálido y demacrado, se mordía el puño, intentando no montar otro escándalo, y, por fín, se le acercó un doctor, suspirando y tendiendole la mano para saludarle, a lo que respondió el chico casi sin darse cuenta.

Ni siquiera se atrevía a preguntar, temiendo la respuesta del profesional, pero éste, sabiendo lo delicado del tema, le sonrió, dándole una palmada en la espalda a modo de tranquilizante.

- No se preocupe, no ha sido violada - la palabra era muy cruda, pero el chico agradeció que fuera tan claro - lo único, eso sí, ha sido el trauma que ha vivido.

Ella está sedada ahora mismo, necesita descansar ; su cuerpo ha sido llevado al extremo, y su mente, exhausta, ha estado a punto de entrar en un colapso... - respiró hondamente - pero, como ya le he dicho, sólo necesita cuidados, y descansar.

Si quiere, puede ir a verla, pero, por favor, no la despierte.

Dômyoji le miró como si le fuera a matar, pero sabía que sólo hacía su trabajo, así que asintió con la cabeza, y le siguió por los pasillos, hasta la misma puerta de la habitación donde habían confinado a la chica, y donde el doctor le dejó, despidiendose con un ligero movimiento de cabeza.

Amore Mío 6


Amore Mío 4



Tsukasa corría como alma que lleva el diablo.

El corazón se le estaba partiendo, y un mal presagio avanzaba por sus entrañas... tenía que encontrar a Makino YA!.

Corrió, y sus pies volaron sobre el asfalto, como si un imán le llevara hacia un lugar determinado.

Y de repente, escuchó sus gritos.

- ¿MAKINO? - los alaridos venían claramente de un costado, parecía ser desde unos matorrales en donde creyó ver movimiento.

Enloquecido, corrió hasta allí, y de un salto salvó los obstáculos arbóreos, encontrandose un grotesco espectáculo... que hizo que la sangre explotase en sus venas, como si un volcán hubiera erupcionado en su vientre.

Su linda muchacha estaba ahora en el suelo, desmayada, bajo el peso de un tío asqueroso que, con los pantalones bajados y la mano en su miembro, iba a atacarla sin que ella quisiera.

Por fortuna parecía haber llegado a tiempo de que pasara a mayores, pero aún así eso no debiera haber sucedido.

- ¿Qué coño quieres, hijo de puta? ¿Quieres participar en la fiesta? Pues búscate a otra! - le espetó el que cojía a Tsukushi por las muñecas, mientras otros dos se levantaban y le amenazaban con los puños.

No dijo ni una palabra, pero, de una patada, tiró a esos dos al suelo, y con la mano en garra, sacó al desgraciado que estaba atacando a SU Tsukushi, reventandole la mandíbula con el puño libre.

- Tú hoy mueres, desgraciado. - gruñó, estampando su cabeza contra el suelo arenoso. - Y vosotros... dadme un momento... que ahora os destrozaré a vosotros...

El más joven, al parecer, salió corriendo, muerto de miedo al ver la cara desencajada del hombre ; estaba seguro de que si se quedaba allí, acabaría en el suelo inerte.

Los otros dos se abalanzaron sobre él, uno sujetandole como podía y el otro sacando velozmente de su bolsillo trasero algo que brilló bajo la pálida luz de la luna, que había emergido sin que se dieran cuenta.

Amore Mío 5



Amore Mío 3



Aquellos hombres empezaron a seguirla, silbando y gritando palabras inexplicables... pero con un tono inconfundible.

Nerviosa, miró a su alrededor, intentando encontrar un escondite seguro, o la mejor forma de escapar de allí.

- Hola, bonita! - exclamó a su espalda uno de los macarras, cogiendola del brazo y atrayendola hacia él. Su acento era claramente extranjero, pero aún así le entendió perfectamente. - Ooooh, ¿has llorado? ¿Te sientes sola? No te preocupes, nosotros te haremos compañía... y te alegraremos la noche... ¿ verdar que sí, chicos?

Dibujó una sonrisa horrenda en su cara, y los demás rieron a mandíbula batiente, secundando al desgraciado y empujando a la muchacha hacia una arboleda que bordeaba el extremo opuesto del puente.

- ¡Dejadme en paz! ¡Qué os creeis que haceis? - espetó Makino, asustada y envalentonada a la vez.

- ¡ No puede ser que te dejes vencer por esos desgraciados ! ¡ Por favor, no desfallezcas ahora, ¡ no puedes ! - se gritó a sí misma, con la voz temblorosa, a lo que los chicos respondieron con sonoras burlas, tirándola al suelo.

- Mamacita... no te preocupes, esto te hará sentir muy bien, ¡ya verás! - canturreó uno de ellos, soltandose la melena greñuda que había llevado atada a una cinta, y sacándose la camiseta mugrienta, se tiró sobre ella, que empezó a gritar con todas sus fuerzas.

- Noooo! Déjameeee! DÉJAMEEEEEE! - aterrorizada al notar cómo se bajaba con prisas los pantalones con una mano mientras que con la otra empezaba a magrearla.

- AAAAAAAAAAAAAAHHHHHH! - gritó aún más alto, removiendose como una fiera, intentando escapar de allí.

- ¡Cállate! - le arreó un bofetón uno de ellos, mientras otro le sujetaba las dos muñecas para inmovilizarla.

- NooooooOOoooOOooooOOooo! - gritó abruptamente, sollozando, odiando a aquellos desgraciados apestosos, y a Dômyoji por no estar con ella en aquellos momentos.

Amore Mío 4



Amore Mío 2



Tsukushi seguía allí, tirada, sin ganas de absolutamente nada.

No sabía cuánto tiempo había pasado, había perdido la noción. Sólo notaba la cara irritada, los ojos hinchados y llorosos y un enorme peso en su pecho.

No quería recordar, pero una y otra vez la imagen de aquél chico venía a su mente, y maldecía el día en que se conocieron... y en el que se enamoraron.

- Aaaahhh... - suspiró, doliente.

Se restregó los puños por los ojos, cansados ya de llorar, y decidió que era mejor ponerse en pie y deambular por las calles... ya que no quería volver aún al aeropuerto.

Caminó unos pasos, y a su espalda alguien gritó algo incomprensible.

Asustada, se dió la vuelta, y distinguió a un grupo de cinco chavales con muy malas pintas, que la miraban de una manera poco amistosa.

- Genial! ... Voy a tener que salir de aquí corriendo... no quiero que me pase nada... por si acaso. Ufff... estoy tan cansada, tan débil, que creo que no podría pelearme con nadie ahora mismo. - pensó para sí misma, dándoles la espalda y echando a caminar a buen ritmo.

No quería levantar sospechas, así que no echó a correr, pero, ojalá lo hubiera hecho... eso es lo que pensó minutos después.

Amore Mío 3



Amore Mío 1




Tsukasa cerró los puños y apretó los dientes con fuerza, provocandose una herida en los labios.

Vió marchar a Tukushi, llorosa y frágil, pero no la detuvo. ¡No PODÍA!... Maldita sea... maldita aquella mujer sin sentimientos ni alma... que se pudriría en el infierno, arrastrando a cualquiera a su paso. ¿Esque no podría ser feliz jamás ?

Caminó a grandes zancadas por la sala, enorme, vacía, que devolvía el eco de sus pisadas...

Un taconeo reverberó en la sala, y dió media vuelta sobresaltado y a punto de saltar.

Su madre, Kaede, la bloque de hielo, le miraba triunfal, relamiendose los labios como una gata en celo.

- Así me gusta... que dejes a esa pordiosera en su sitio.

Alguien de nuestra categoría no puede estar junto a una mojigata como ella. - se cruzó de brazos frente a su hijo, que la miraba aterrado y asqueado.

- Quieres pegarme? - preguntó melosa - Jé... hazlo, venga, si esque tienes lo que... jé... - se rió con ganas, devolviendo a su hijo una mirada feroz.

- Sea como fuere, me encargaré de acabar con los restos de tu "amiguita"... para que, aunque la vayas a reencontrar, ya no pueda ni responderte... - le miró con ojos de diablesa - bajo cuatro palmos de tierra, ella jamás podrá volver a molestarte.

Un bofetón se marcó en la mejilla de la mujer.

Tsukasa había perdido los estribos, y ahora ya no le importaba absolutamente nada.

- Intenta hacerle algo, madre, y te aseguro que mi cara será la última que veas... cuando acabe yo mismo con tu PUTA vida! - le arreó otra bofetada, con tantas ganas que la tiró al suelo, y dió media vuelta, echando a correr.

- Desgraciado... ¿te crees que esto puede detenerme? Sólo me has hecho cosquillas... y te arrepentirás... - siseó, tocándose con la yema de los dedos la comisura de los labios, y notando el sabor amargo y a hierro de su propia sangre. - Aunque seas mi hijo...

Amore Mío 2



Amore Mío Preludio...








































Tsukushi estaba destrozada.

No sabía exactamente cuanto tiempo había pasado desde que se largó de la residencia Dômyoji, pero a ella le parecían horas.

Sólo dejó de correr cuando sintió que se quedaba sin resuello y pequeñas motitas se dibujaban ante sus pupilas, y arrastró los pies hasta la barandilla de un puente, por el que había enfilado sin darse cuenta.

Respirando fatigosamente, apoyó los brazos sobre el metal de la construcción, y dejó caer la cabeza sobre su pecho.

- Ugh... - tragó saliva, intentando no llorar... pero no le fué posible. Pensar que había hecho todo ese camino para verle, y que al llegar hasta él lo único que había recibido había sido una mirada llena de indiferencia y, tal vez, odio...

Se echó a llorar desconsoladamente, como si el mundo se le cayera encima, y dejó que su cuerpo resbalara hasta el suelo de piedra, abrazandose a sí misma.

- Idiota! Idiota... Con lo que te QUIERO! - aulló, con la voz quebrada y sintiendo que el alma se le rompía.


Amore Mío 1

Amore Mío

































Makino huye de la gran mansión Dômyoji tras enfrentarse contra la voluntad de Kaede.... pero...

Drama/Romance - Updated: 8-30-06 - Published: 6-5-06

Amore Mío Preludio...
Amore Mío 1
Amore Mío 2
Amore Mío 3
Amore Mío 4
Amore Mío 5
Amore Mío 6
Amore Mío 7
Amore mío 8
Amore mío 9

Punto 07

...
...cuando de pronto algo sucedio en el, un fuerte ardor recorria su cuerpo como si fuese acido quemandolo por dentro. Su mente comenzo a desvanecerse y podia sentir como si cayera en un abismo profundo, la transformacion habia comenzado y ya no habia marcha atras, Inuyasha se convertia en un demonio y esta vez nadie podria detenerlo. Sus ojos eran rojos y tan encendidos como la lava de un volcan y esta vez miraban a Kikyo con determinante furia. TU FIN HA LLEGADO MALDITA, grito al tiempo en el que lanzaba sus garras contra Kikyo, quien horrorizada no pudo defenderse, produciendole una gran herida en el rostro, - no puedo creerlo, yo te amaba Inuyasha -, pero el ya no podia ni siquiera escucharla, solo podia pensar en matarla sin recordar el motivo de su odio...


Kagome, sin respiración, observaba la escena, desorientada.

Sin entender, sintió una gran pena por la sacerdotisa, que había caído al suelo y se debatía entre las garras del hanyou, que desgarraba la cara pálida de la mujer.

Corrió para salvar a Inuyasha, que, con los ojos en blanco, desgarraba sin reparos, aullando entrecortadamente y emitiendo algo que parecía una grotesca sonrisa.

Se lanzó sobre él, intentando sujetarle los brazos y gritando con fuerza, pero la bestia ya no escuchaba ni razonaba.

Con un nudo en la garganta, se interpuso entre él y la sacerdotisa, que había cerrado ya los ojos, desvanecida por el dolor y el pánico de ver a su amado como un monstruo, y se mordió la lengua para no gritar de dolor al sentir las uñas afiladas clavandose en su carne.

I..nu... - desesperada, le abrazó, obligando al hanyou a mantener su cabeza entre sus pecho, mientras se movía espasmódicamente y arrancaba tela y piel en sus zarpazos.

Vuelve.. - llorosa, buscó sus labios para besarle, con la impaciencia y la esperanza de que él atisbara alguna luz entre las nieblas que se habían apoderado de su mente.

Inuyasha se debatía con su parte más oscura, que le había ganado terreno y se habia apoderado de su cuerpo y lo usaba a su antojo.

Las sensaciones eran vagas, pero sabía que Kagome estaba allí, y la oía llamarle ; corría desesperado por un largo túnel, húmedo, lleno de bifurcaciones y récodos, y que parecía que no se acababa nunca.

MALDITA SEAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! - gritó a la oscuridad, y el silencio reverberó su alarido, sin devolverle más sonido que su eco lastimero e iracundo.

Punto 06

Kaede se sentó, con dificultad, al lado de la joven ; sus huesos ya no aguantaban como antes, y crujían dolorosamente en días tan helados como ése.

Niña mía…. – suspiró, con sonrisa triste, dirigiendo la taza de barro a los labios de Kagome, que arrugó en un gesto involuntario la nariz cuando el olor inundó su nariz.

Giró su rostro hacia el de la anciana, mirándola suplicante, y, con ojos llorosos, aceptó el ofrecimiento ; estaba segura de que Kaede sabía lo que hacía.

Cerrando los ojos, se llevó el mal trago a la boca, sorbiendo a grandes tragos el amargo líquido. Una mueca de asco se dibujó en su boca y sus ojos, pero aguantó la respiración, con la imagen de Inuyasha en su mente, y apuró hasta la última gota del brebaje sanador...

………………………………………………………………………………

Un calor inmenso invadio el cuerpo de Kagome y una luz cubrio su vientre.

Al momento en el que la luz desaparecio todos pudieron ver que la hemorragia habia desaparecido tambien, ERA UN MILAGRO.

Kagome podia sentir como las fuerzas regresaban a ella y a la vez podria percibir la presencia de Inuyasha rodeandola, tan llena de amor como nunca la habia percibido. Esas hierbas nacieron de las lagrimas que Inuyasha derramo por ti, explico la anciana Kaede a Kagome, es por eso que ahora su esencia esta contigo.

Kagome no podia creer lo que le decia la anciana pero no tenia tiempo que perder, tenia que evitar que Inuyasha se perdiera en el odio que habia acumulado por Kikyo.

Sin esperar a que la vieja Kaede le diera algún tipo de indicación, salió corriendo de allí, en idrección al oscuro pozo que la esparaba ansiosamente para engullirla y transportarla al nuevo mundo.

Abrió de un empujón la puerta del templo, y se echó al pozo, sin cerrar los ojos y con una idea fija en mente.

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El viaje como siempre fue inmediato, sin embargo a Kagome se le hizo eterno el tiempo que tardo en llegar a la época feudal.

Al llegar observó un panorama desolador, se podia sentir un ambiente de dolor y odio y el mismo cielo correspondia tiñiendose de negro.

Kagome podia sentir hacia donde dirigir sus pasos, era como estar poseida y no poder hacer nada para ir a algun otro sitio.

Caminó a traves del bosque, sin miedo, a pesar de la penumbra y mientras mas avanzava mas podia sentir la presencia de Inuyasha cada vez mas cargada de odio, cuando por fin a lo lejos pudo distinguir la silueta de dos personas discutiendo enardecidamente...

-TU! MALDITA! TU ERES ESA PERSONA QUE EN UN INSTANTE ROBO MI CORAZON Y EN UN SEGUNDO LO DESTROZO EN MIL PEDAZOS! Y AHORA QUE HE ENCONTRADO A ALGUIEN QUE ME AMA POR SOBRE TODO, TÚ! TÚ VIENES Y LA LASTIMAS EMPUJANDOLA A LA MUERTE!PERO ESTO NO SE QUEDARA ASI!-

El enardesido mediodemonio estaba dispuesto a destrozar a a la miko...


Punto 07