miércoles, 1 de agosto de 2012

Amore Mío 6



Estuvo plantado allí delante durante un tiempo ; las piernas empezaron a fallarle.

A pesar de ser el GRAN Dômyoji, no había conseguido proteger a su chica... porque, a pesar de todo lo que había hecho para intentar protejerla, a pesar de haber hecho caso a su puñetera madre e intentar hacerle creer que ya no la necesitaba... A pesar de todo eso, él la seguía amando.

No podía dejar de pensar en ella, era la mujer de su vida, la parte que le faltaba a su alma para estar completo... y siempre tenían que estar igual, rodeados de problemas...

La cabeza le daba vueltas, y estaba seguro de que le iba a estallar de un momento a otro.

- ¡Basta ya! - se gritó a sí mismo, y entró en la habitación, para encontrar a la chica estirada en la cama, con un gotero ensartado en su brazo, y con cara de haber sufrido demasiado.

Y allí, ante ella, rompió a llorar, mostrando su debilidad, la que no quería mostrar a nadie, pero que él también tenía, destrozada por lo que le habían hecho a su amor...

Se llevó la mano a la cara, y apretó los dedos contra sus ojos, para que parasen de llorar.

No dejó de hacerlo hasta que vió teñirse su campo de visión de pequeñas manchas de luz y color.

Se acercó a la cabecera de la cama, sentandose en una silla que habían dejado estratégicamente allí, y juntó las palmas de sus manos, como si rezase a algún dios para que ella se despertase, fijando sus pupiilas en un punto imaginario.

Al poco se quedó dormido, agotado, y en sus sueños confusos sólo veía las mismas escenas :

Makino bajo aquél desgraciado, Makino gritando desaforadamente, Makino violada salvajemente... y él de pie, congelado, sin poder dar ni un paso... Era asfixiante.

Se despertó acongojado y con lágrimas en los ojos, casi gritando el nombre de la chica, pero al poco se dió cuenta de dónde estaba, así que guardó silencio, escuchando atentamente los latidos de su corazón.

Por último, se dió cuenta de que alguien le observaba, y miró por inercia hacia Makino, que lo miraba con los ojos muy abiertos, aunque sin decir nada...

Dômyoji tragó saliva con dificultad, y se acercó a ella lentamente, preguntándose cuál sería su reacción.

- Lo... lo siento..- tragó saliva otra vez, y se enfrentó a la inquiriente mirada de la chica, que titilaba aún por el miedo.

- Ah... - dejó escapar un gemido, pero no se echó a llorar, a pesar de que todos los recuerdos se agolpaban en su mente.

Alzó su mano para acariciar la mejilla de Dômyoji, en la que se notaba el surco de las lágrimas que habían resbalado siguiendo siempre el mismo camino, irritándole incluso la piel.

Sólo quería verle a él, sentirle a él... ni siquiera ahora podía odiarle.

- No me odies - espetó Tsukasa, asustado como un niño. - Siento no haberte protegido, siento haber hecho caso de esa zorra que tengo por madre, yo... -

- Shhh... déjalo! - susurró Makino, medio sedada aún por la medicación. Quiso seguir hablando, pero cerró los ojos, y cayó en un sueño profundo.

- Es normal... está agotada... - se resignó Dômyoji, y salió de la habitación intentando no hacer ruido, dirigiendose resuelto al especialista que la había tratado, para convencerle con el poder de su apellido de que la chica estaría mejor con él.

- Yo me encargaré de todo, tendrá todas las atenciones convenientes : Me la llevo. -

Y así lo hizo, a pesar de las objeciones del equipo médico, que, como siempre, al hablarles de dinero, permitieron que hiciera lo que quería...

Amore Mío 7


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